Relacionado con el mar, al frente de las carrozas, cual «Mascarón de Proa» iba el Rey Neptuno señalando un rumbo al desfile, las carrozas que la siguen con temas relacionados con lo líquido y el tema central fue el agua -tan escasa ahora como elemento vital-

Tuberías, estructuras de acueductos y redes, en general los programas del alcalde se encargaron de recordarnos las prioridades que se adelantan en su administración.

Carrozas bien diseñadas en un recorrido que partió de la Avenida del Libertador en la carrera 16, llegó al Liceo Celedón y por la Av. de los Estudiantes hasta la Santa Rita para llegar al camellón a la hora del atardecer y la parte final no se pudo -como siempre- ver en todo su colorido. Más de 4 horas en su desarrollo y vimos la ciudad despierta en todos los sentidos.

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La ciudad entera lo vió, lo gozó y lo padeció, como es característico en los desfiles de la Fiesta del Mar, se retrasó mientras todas las vias del centro permanecieron cerradas sin una programación que pudiera preveer los desviós vehiculares.

Además de la vistosidad, fue el ruido protagonizado en una auténtica guerra de pikós, la campeona la de cerveza águila, en tamaño y potencia descumunal de su sonido, y el resto con características similares. No alternaban su show, era ritmo y presión sonora constante, suficiente para indicar dónde estaba la acción y hacia allá se dirigió el público.

Según esa situación la programación del recorrido debe fluir por espacios abiertos y con distancia suficiente del público a lado y lado y en el caso de la avenida Santa Rita con carrera 5ª, se encajona la onda sonora elevando los decibeles a niveles no recomendados para zonas urbanas, aspectos a considerar para futuros desfiles y su organización, que como se ve requiere expertos en logística y producción con estrecha colaboración de autoridades para los cerramientos respectivos y sobre todo los aspectos de seguridad, como rutas de evacuación, etc, cuando de manejar multitudes se trata.

Más que la potencia sonora, es la música y esta no se sentía en la avanzada del desfile con una comparsa de adultos mayores, veteranas bailadoras que se encargaron de demostrar que el ron, la danza y el goce de la vida permite llegar con dignidad rumbera a la cumbre de la existencia.

Merecen estas abuelas el reconocimiento del mundo por recorrer bailando en una extensa jornada -enfatizamos superior a 4 horas- la ciudad en la que todo sucede y nada cambia: Siempre las ganas de vida por delante.

Una comparsa ritual de tradición de Sucre, entre lo que alcanzamos a ver en una modesta y rápida cobertura fotográfica para dejar el testimonio gráfico sobre el grado de participación popular que caracteriza a Santa Marta y se manifiesta en la alegría.

No se puede decir que sean las mejores Fiestas del Mar, pues es cuestión de estilos y gustos, pero esta movió más gente que todas las anteriores -hay más habitantes ahora- y una población flotante considerable.

Ante la carencia de líquido, el licor tomó su lugar y es por ello que dedicamos una nota especial al mejor de todos: El Ron Caña, presente en el II Festival Gastronómico organizado por Acodrés.

Auspicio