Taganga un paraiso de relaciones conflictivas

No puede haber atenuantes para actos de intolerancia aun cuando sí explicaciones y ellas vienen cuando se conocen las causas y se trabaja en su prevención.

No puede haber atenuantes para actos de intolerancia aun cuando sí explicaciones y ellas vienen cuando se conocen las causas y se trabaja en su prevención.

Dos lanchas llenas de devotos tagangueros de la Virgen del Carmen que participaban en una procesión náutica arriban a Playa Blanca, consumen en los restaurantes para turistas y cuando acaban resulta que nadie paga, lo que ocasiona una pelea descomunal. Abordan sus lanchas y se van. Los operadores turísticos de los restaurantes de Playa Blanca, los persiguen en el mar y se ve una batalla «naval» ante la que tiene que intervenir un Guardacosta de la Armada Nacional que luego pone orden y obliga a los «volados» a cancelar su deuda de consumo.

La comunidad taganguera sabe que los promotores del desorden no piensan en el daño que hacen a la comunidad y cuando quieran exigir al estado soluciones al suministro de agua , por ejemplo, este antecedente no les abona credibilidad y menos solidaridad para causas justas. No es secreto que aspiran a un reconocimiento como Resguardo Indígena pero deben armonizar con una serie de foráneos que llevan muchos años asentados en la población y que también tienen su visión de respeto a la naturaleza.

Como todos los problemas en Colombia se dejan crecer hasta que por algún lado estallan, cuando ya no hay solución.

Taganga no tiene una autoridad civil -es un corregimiento sin corregidor- y depende del Distrito de Santa Marta que se ufana de contarla entre sus bienes turísticos, ya le puso una «Bandera Azul» en lenguaje de turismo receptivo de calidad.

Carnavales y celebraciones cuyo combustible es el alcohol, ameritan planes de contingencia y mayor control de las autoridades, que a propósito, no han podido evitar la fiebre de construcciones en sus cerros aumentando la densidad de carga de un poblado minúsculo como Taganga; la situación es igual con los servicios que se prestan a los turistas.

Por otro lado la directora del Instituto Distrital de Turismo, Indetur, Shadia Olarte anunció que esta entidad se vinculará a la Campaña Nacional Contra la Explotación Sexual Comercial. Sabido es el alto nivel de rumba que se maneja en Taganga y ello requiere un control más duro que los barrios residenciales del área urbana de la capital.

La vinculación a esta campaña por parte de Indetur consiste en la creación de unos espacios protectores a partir de la expedición de unos certificados avalados por la Esna y Condecop dirigida a los hoteles legalmente establecidos con el fin de que quienes trabajen u operen en el sector sepan actuar en el momento en que detecten la vulneración de los derechos fundamentales de los menores.

Es como una olla a presión hirviendo constantemente: extranjeros llenando de negocios la población para un público con capacidad adquisitiva alta, la presión de un muelle que no gusta a los locales y oidos sordos para una interlocución inteligente que permita el desarrollo pero dentro de límites que garanticen la sostenibilidad del ecosistema, y lo realmente dificil: conservar la cohesión social, por lo menos saber cómo se integra y potencia una comunidad de pescadores que ya no pescan y por eso ahora se rebuscan con el turismo pero no dentro de un plan regulado.

Son problemas que se están volviendo inmanejables y si en medio de una fiesta se produce una chispa, la consecuencia es  explosiva. Eso fue lo que sucedió y queda la experiencia para evitar que las cosas se salgan de control.

LA SITUACIÓN  .

El tráfico constante de lanchas repletas de turistas no le hacen ningún bien al mar -en playa grande en la bahia de El Rodadero el olor a combustible es insoportable- y los tumultos tampoco son buenos para ningún ecosistema limitado.

Lo que no se puede aceptar de ninguna manera es el comportamiento irreflexivo de personas que son operadores turísticos y se supone que certificados. Cuál es el real control de la autoridades que otorgan y pueden -y deben- suspender los permisos a personas agresivas y esto es para lancheros, operadores de restaurantes, hoteleros y para cualquiera que desee imponer su ley.

CASOS DIFERENTES
Pescadores en la playa de Plenomar en el área de influencia de ECOPETROL han logrado tejer relaciones prudentes y amistosas lo que ha permitido que ellos y la empres petrolera convivan.

Traemos como ejemplo un reportaje realizado en marzo del 2013…

A esa playa llega una artista plástica, docente universitaria y establece un diálogo de vecina -pues es residente de un complejo residencial próximo- y quien dialoga en forma transparente se gana la confianza de sus interlocutores.

Lina Espinoza, realiza un proyecto de «Impacto mínimo» con los pescadores que expone en el Museo Bolivariano de Arte Contemporáneo -de eso hace 5 años ya- pero la vigencia de lo planteado es evidente: cómo nos relacionamos con el otro.

Esta entrevista se realizó en mayo del 2013 y casualmente la artista se pregunta hoy qué huellas han quedado de su acción y cómo ven hoy los pescadores de la zona ese intercambio que les abrió una mirada diferente a su entorno. La presencia del arte y en general de las ciencias sociales posibilita la integración. Precisamente lo que no ha sucedido en Taganga.

Lina Espinosa e Impacto Mínimo

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