Marzo 22 de 2014

Una obra en montaje «beta» y continuará en ese estado mientras sus autores, ella Olga barrios bailarina y docente de plástica en la Escuela de Cine y Audiovisuales de la Universidad del Magdalena; él, Oscar Leone artista del performance: Juntaron proyectos -el también es docente en la U- , ambos vienen desarrollando trabajos de investigación en las claves caribes.

Fueron la única manifestación relacionada con la celebración del día del agua, pues su montaje «El Llamado de los caracoles» proviene de más allá, del agua, ¿o está mal titulado?

la historia se remonta a las observaciones paralelas, cada uno desde su especialidad. Oscar estudia el cuerpo y la manifestación repetitiva, su esfuerzo y la plástica que genera la cultura del chinchorro de arrastre. Su sincronismo milenario como metáfora de integración social que nos dice que el sustento se gana en una relación colaborativa en la que cada cual aporta su pedazo de fuerza -hasta sus mujeres en el hogar cuidando los hijos y seguramente lejos de las telenovelas afrontado las preocupaciones reales mientras sus hombres en el trabajo conjunto de pescadores jalan el chinchorro para ganarse el pez de cada día.

Jalar un chinchorro es arrastrar una red que se ha lanzado mínimo por una docena de artesanos de la captura de peces como un arte. Arrastrarla hasta la orilla con la fuerza y velocidad debidas, recogiendo ordenadamente la red que tiene intercalados los pesos y flotadores -antes maderos de balso- y hoy con flotadores plásticos o de icopor.

Cada jalonazo sincronizado se convierte en una pieza de danza contemporánea que Olga trabaja como una propuesta estética y muy sensual, porque la vida en el mar es más sabrosa.

El montaje se realiza en la playa de los pescadores que simbolizan el reto de la tradición que ya se siente como un pasado al que hay que atrapar más que al pescado, es lo que da la fuerza a estos danzantes que al final de cada jornada están atrapando un sueño; la abundante pesca que fue. Están en la playa de Pozos Colorados frente a las instalaciones de Ecopetrol y el horizonte contempla los barcos cargadores de carbón, en las entrañas de los pescados aparecen partículas de carbón y sus redes se tiznan con este.

Más allá de esa realidad está la ocupación hotelera de la zona con sus boyas y vehículos playeros para turistas que reducen la práctica de la pesca a zonas cada vez más reducidas.

Implica estar desde la madrugada en plan marino preparando los canaletes y embarcaciones, tender la red en zonas determinadas , recogiendo el chinchorro y lanzándolo de nuevo para completar el barrido de la geografía submarina.

Todo el día aguantando sol con sus correspondientes árboles de sombra, remendando el tejido y compartiendo la faena en una danza que milenariamente los seres de las costas han practicado con el arte de la paciencia y el esfuerzo necesarios, lo que da un sentido de apreciación de la vida muy distante del pre-concepto de flojera o pereza que el espíritu mundano -lease superfluo- de la modernidad le endilga al ritmo del caribe.

Olga y Oscar no tienen claro aún si su obra final será un montaje de danza contemporáneo, una obra de arte o la representación IN-SITU- de un ritual que nos relaciona con el agua y nuestra disolución a los fluidos vitales, tampoco saben cuándo será la presentación pero le han puesto tanta energía que al final se sumaron a las meditaciones colectivas de Canto al Agua 2014 que simultáneamente se desarrollaron en todos los rios, lagunas y ojos de agua del planeta, que amenazados por la voracidad del capital o mejor de los dueños del capital imprime en el concepto de vida.

Relativo

Oscar en Brasil