La pandemia no derrumba símbolos solo insinua bajarlos del pedestal

Es hora de bajar del pedestal a todos los exaltados valores que en cualquier época se hacen merecedores de semejante homenaje que pretende inmortalizarlos sin permitir que la historia los ubique en el nivel justo que percibimos por medio de la memoria.

Sebastián de Belalcázar y su presencia en estatua pedestre en un alto de Popayán y derribada por indígenas de la etnia Misak en acto aplaudido por estudiantes, principalmente del occidente colombiano, y censurado por el Mincultura en apoyo a las autoridades locales que hasta ofrecieron recompensa por quienes cometieron la acción en vez de entender que llegó la hora de replantear todo el sistema de valores apoyado en mitos. Mientras existe todo un acervo documental del agravio que para las etnias americanas y que plantearon como justificación del acto en un juicio histórico. Qué significa este culto aceitado cada 12 de octubre en debate eterno sobre el encuentro de dos mundos. Debería entonces el Mincultura ir contra los principios que de protección divulga en su web también sobre la etnia Misak.

EL DEBATE

El debate apenas comienza pero como anunció Mincultura, la restitución del monumento a su lugar o su decisón reflexiva sobre el tema debería comenzar desde su sección de Patrimonio con el ICANH, Las Facultades de Antropología y los Museos en búsqueda de nuevas propuestas que integren tiempos y espacios para acabar con el «quítate tu, pa ponerme yo».

El Año Zapata Olivella 2020

No recuerda ya el Ministerio que en julio del 2019 declaró el 2020 como el Año Zapata Olivella, reivindicador global de las negritudes, «otra minoría mayoritaria» y cuyo legado comienza a expandirse como una alternativa de civilidad que adoptó las cadenas como símbolo de la libertad. Estamos en un año para decisiones trascendentes y de la respuesta a este incidente de Popayán depende corregir desigualdades o por lo menos reconocerlas como escenario de diálogo: El valor de la palabra dirían los hermanos mayores.

Más a fondo

El culto a la hispanidad, o a los heroes nacionales en las plazas públicas –excepto en Aracataca, donde Bolivar no está en el centro de la Plaza principal, o no estaba– Santander en el Parque de los Novios -¿les recuerda a los magistrados algo?- o la imagen fijada en el imaginario de la ‘¿ciudad de bastidas? O la miniatura escultura pedestre de Bolivar que hoy reeposa en la Brigada en el batallón samario, esa sí curiosidad orgullo de Santa Marta de la época en la que cada casa tenía un piano y además un violín para veladas donde se exhibían los talentos en la ejecución e interpretación vocal de las niñas samarias y así se enamoró a pretendientes y se gestaron muchos matrimonios. Justo de esa época es el monumento de los cuatro rostros o etnias o direcciones del mundo. Este se encuentra en el Parque de Bolivar justo en el lugar donde se abastecía de agua a la población

Barras bravas pretenden insultar el honor samario (Julio de 2015 Ver)

Bajarlas del pedestal y ponerlas a nivel del piso como un museo vivo tal vez diseñando espacios propicios para ello. Esto debe generar un diálogo distinto con las distintas figuras y su representación en la corriente humanista de su tiempo y en relación con «el tiempo» de la generación que la observa, incluida la masa mayoritaria de turistas que hace rato se han vuelto otra pandemia contemporánea. En el caso samario los vemos registrando en primer lugar paisaje y entorno natural, luego patrimonio arquitectónico y los más curiosos, rostros de nuevos habitantes del mundo con vivencias y sabor de región. Que pereza encontrar gente igual a uno, buscar la diferencia es la experiencia que excita al visitante. Se debe entender qué busca conocer; si son símbolos del pasado, la ciudad entera es una biblioteca viva y lo que se debe cuidar es la información que sustente cualquier discurso o promesa de venta, pero a ver estatuas no vienen, excepción hecha de la del Pibe en el viejo Estadio Eduardo Santos; también la estatua de Carlos Vives en Ciénaga; y como no, el Negro del Machete en el mercado de Ciénaga, el de Arenas Betancourt, que tiene mucho más de cienagero o macondiano de lo que ve algún sector de la memoria bananera.

Estatua de Bolivar restaurada luego que las fuerzas de la naturaleza la derribaran
Monumento a los Heroes de la Patria – Recientemente instalado en la rotonda de La Quinta de San Pedro Alejandrino, no es único son varios elaborados en serie e instalados en diferentes puntos de la geoagrafía colombiana.

Un movimiento de pandemia…

¿Propuestas?

1 ¿Debería el Ministerio de Cultura iniciar un diálogo frentero con las etnias y comenzando por su derecho a la vida y asumir un liderazgo en este sentido?

2 ¿Se puede desde la planificación urbana concebir nuevos espacios para los símbolos PostPandemia donde se debe priorizar el ser contemporáneo y su papel en las urbes contemporáneas?

3 ¿Tiene el Arte un aporte especial en este culto a la personalidad en espacio público un lenguaje nuevo?

Sobre los puntos 2 y 3 tenemos informes en preparación…

©Foto

Excepto la de Bolivar en La Quinta, todas las fotos son ©Foto @agendasamaria

Para el diálogo samario ya hay espacios, recomendamos este:

RODRIGO DE BASTIDAS SE QUEDA EN SANTA MARTA

Por: Álvaro Echeverri Uruburu

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Agenda Samaria
Realizador radial, inmerso en la cultura digital y apasionado fotógrafo. Entrevistas y contexto en Agenda Samaria; lo que en ellas se trata refleja particular interés en el desenvolvimiento de las actividades culturales en la ciudad y en la región caribe. Bienvenido!

2 comentarios

  1. Excelente reflexión! Muchas gracias. Les saludo desde Suiza, donde también se lee Agenda Samaria y se escuchan sus programas de podcast. El fenómeno, que de manera hasta “pintoresca” destaca en el Caribe, es curiosamente siempre un símbolo iconografico de actualidad. Este tema de por sí es digno de un ensayo.
    El debate entre la dicotomía “local vs. global” y “tradición vs. globalización” trasciende a las colonias, las razas, los géneros, las religiones, las economías regionales y también las pandemias. El 2020, tan singular, ha puesto en evidencia la necesidad de una reflexión tan nueva como antigua.
    La palabra en boga es “cosmopolitismo”. El término “cosmopolita” se remonta a los cínicos griegos de la antigüedad, que se burlaban del concepto de ciudadano, miembro de una comunidad entre comunidades. Se consideraban ellos más bien ciudadanos de la Tierra o del Cosmos, con una visión de responsabilidad para con el “todo”. Este pensamiento fue adoptado por los emperadores romanos que fundaron una escuela de pensamiento, que con Marco Aurelio, llega al primer momento de “globalización” moderna y planteó en las formas y arquitecturas del imperio, un paralelismo incluso con el pensamiento Cristiano Universal, que luego sería una globalización aún más sofisticada, con la Iglesia Catolica. Se encuentran paralelismo también en las palabras del Apóstol San Pablo.

    Un consagrado libro, finalmente traducido al español, del autor anglo-africano Anthony Appiah, lleva por título “Cosmopolitismo. La ética en un mundo de extraños”. Su lectura es recomendada a todo aquel que se haya encontrado más de una vez con este debate.

    La propuesta de Appiah es en síntesis, la de un filósofo contemporáneo, descubre allí donde el conflicto llega a su punto más agudo, la solución al eterno problema de la verdad y la “posesión de la cultura”.

    Imaginemos que la verdad fuera un gran espejo. Roto por el destino. Cada cultura de este planeta se ha quedado con un pedazo. Grande o pequeño , pero siempre solo un pedazo. Cada cual iría a la guerra por defenderlo en la consciencia de que es “la verdad”. Y en realidad lo es…
    Solo en la capacidad del hombre “nuevo”, “homo novis”, se puede descubrir el modo, hasta ahora sin precedentes en su historia, de encontrar el diálogo para unir las partes.

    El diálogo puede ser incómodo, hasta doloroso, pero en este punto de nuestra historia, inevitable.

  2. Gracias Oscar, especialmente por el documento y por compartir acá su esencia. Veo allí expandirse el punto N° 3
    «El arte, como activismo, ha estado presente en cada período de crisis social y se ha destacado por intuir cambios y permitir la percepción de posibles futuros. También en este campo, el ideal cosmopolita, se plantea como un medio para dialogar sobre la pertenencia de la cultura y la identidad de los pueblos. No es casual, que la posición de Anthony Appiah al respecto, sea la de destacar el factor “humano de la humanidad”, exponiendo una faceta fundamental de la expresión ética del arte en la sociedad.»

Comenta y comparte en redes: es el comienzo del diálogo.

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