Es necesario que se hable de ello y con la seriedad y tonos justos: Lo ambiental es la riqueza de la región como ecosistema y cuyo paisaje enemora al turismo global ¿Cómo lo manejamos?

La víspera a esta publicación dos hechos relevantes en nuestra jurisdicción le dan la vuelta al mundo -académico por lo menos- y son de impacto mediático e impacto social. Una tragedia, ya recurrente lamentablemente,  de mortandad de peces, esta vez en la Ciénaga de Cerro de San Antonio en el Corregimiento de Bellavista, municipio de la Concordias, antecedida por la llegada a desovar a la playa del Irotama de la tortuga más grande que existe en los mares.

Aproximadamente 5 toneladas de peces, justifica la presencia del Director de la Corporación Autónoma Regional del Magdalena-Corpamag- Dr. Carlos Francisco Diaz Granados Martínez, quien en compañía de la Gobernación del Magdalena y la Administración Municipal, realizaron un recorrido para identificar las causas y atender las necesidades de la comunidad que en este momento se encuentra afectada por la situación.

Basados en la evidencia y por experiencias de casos anteriores, concluyen que la causa es el  «Calentamiento y poco oxígeno de la Ciénaga, por bajos niveles del río Magdalena, lo que provocó la mortandad de aproximadamente 5 toneladas de peces»

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Miremos Drones, porque Bocachicos ho hay

La mortandad de peces, en su mayoría bocachico, se debió a la poca columna de agua que tiene la Ciénaga, debido a los bajos niveles del Río Magdalena, la alta temperatura a la que ha estado expuesta y la poca profundidad de agua, producto de los impactos generados por el Fenómeno El Niño.

A la muerte de peces se suman los malos olores en el sector que puede conllevar a un problema de salud, por lo que la Corporación Autónoma Regional del Magdalena-Corpamag- se ha comprometido al pago de jornales a la comunidad para su recolección y disposición, contribuyendo además a mejorar los ingresos de los pescadores, que en este momento tienen en peligro su principal fuente económica y de seguridad alimentaria para las familias

NO ES UN FENÓMENO AISLADO

PrevioIromataLAUD

La forma en la que reaccionó la opinión global es de asombro y alegría ya que el ejemplar de madre LAUD decidió arribar a la playa de Santa Marta, pero no a una playa protegida en zonas de paso como el Tairona -pasa el 80% de las especies existentes- sino a a la playa del Hotel Irotama -no Iromata- el cual imaginamos que podría establecer  una zona de reserva especial para la protección de los huevos de la próxima generación de ejemplares de LAUD, 77 huevos teóricamente habilitados para la creación y que han sido trasladados a incubadoras de la Universidad Tadeo Lozano.

Es lógica esta protección porque sería todo un reto acompañar ese proceso en medio del bullicio generado en la playa por turistas de alta gama, como los que se mueven en esa zona de la playa.

Es un mensaje puesto en la vitrina del turismo, son las ironías de la naturaleza que no deja de sorprendernos..

En el vecino departamento del Atlantico el Diário El Heraldo tiene información destacada sobre otra muerte anunciada: «Crece la destrucción del manglar en Los Manatíes» esta causada por obras de infraestructura iguales y con idénticos efectos que lo que sucedió en La Ciénaga Grande de Santa Marta con la construcción de la carretera entre Santa Marta y Barranquilla.

En La Guajira los proyectos carboníferos han precipitado la crísis humanitaria del pueblo Wayuu; en la región del Cesar también se secan los ríos y hay que recordar que en la región las ingresos por concepto de regalías no han sido para nada despreciables y el balance de su inversión muestra cifras en rojo desde cualquier óptica que se mire….

El delicado ecosistema de La Sierra Nevada de Santa Marta dejó de ser la fuente de agua para la región y el panorama futuro son enfrentamientos por el líquido -en Santa Marta en épocas turísticas se agudizan-  pero los conflictos son permanentes; los finqueros atrapan toda el agua que necesitan sus cultivos, los líderes barriales manipulan las tuberías para obtener algo del líquido en detrimento de los demás y los planes del acueducto para Santa Marta nos tiene enfrentados con los cienagueros por el proyecto que avanza para traer agua de los ríos Córdoba y Toribio.

La sequía y los incendios forestales como espectáculos de pirotecnia nos recuerdan lo delicado que es «caminar por el planeta sin dañarlo» cualquier fuga de combustible de una mala combustión de nuestros sitemas de transporte, derrame de crudos, acidentales o provocados, la invasión y el irrespeto por las rondas hídricas y sobre cualquier cosa el consumo desaforado de bolsas plásticas, bandejas de icopor o vasitos de tinto: Volando van al mar como un poema de mal gusto que arrojamos al futuro de las próximas generaciones.

¿Se nota una acción en bloque de la costa norte de Colombia? No, se escuchan los ecos de pasadas épocas de bonanzas de todo tipo pero lo que no cambia es la corrupción y a causa de ella y por seguirle el juego a los polítiqueros no aprendimos las lecciones que la naturaleza nos gritaba; son los nefastos efectos de la corrupción con su natural delenlace para quebrar el armónico equilibrio que imperó en la región norte de Colombia.

Las autoridades ambientales -en la nacional y en lo local- se limitan a seguir los protocolos que dictan sus manuales de función y el Ministerio del Ambiente no tiene una visón general. las políticas macro que pongan lo ambiental por encima de todo no son la noticia de gestión necesaria para el momento.

Lo que suena más irónico es que en Santa Marta está el Centro de Estudios del Mar más importante en esta zona del planeta, Invemar. pero la voz de los académicos no suena tan duro ni impacta tanto como la foto de la tortuga LAUD en nuestras playas.

Ese es el panorama y se supone que ciudadanía informada debería actuar para exigir el manejo que el panorama requiere. El verdadero conflicto de Colombia radica ahí: No administramos con inteligencia la posibilidad de usar nuestro potencial y eso no es garantía de nada en estos momentos. Tampoco asusta a nadie que nos sumergimos en nuestra propia basura.