Navidad sin estroboscópias luces, y no es poca cosa en el imaginario colectivo que desde noviembre y a veces desde octubre cuando las vitrinas se llenan de luces navideñas, los parques ven iluminarse sus arbolitos y los centros comerciales comienzan a destellar promociones. No hay hogar por humilde que sea que no ponga sus instalaciones en la fachada para demostrar alegría y tratar de agarrar prosperidad.

El caso es que no concebimos una temporada de fin de año sin la tradición de la luz.  Y con alza anunciada en la tarifa para fin de año.

Este año por los síntomas que vemos será «una amarga navidad» y deberían erradicarse las ventas de luces y tratar de que la temporada oscura sea el mecanismo para tomar conciencia ambiental sobre el derroche de energía. Los países del cono sur y el resto que comparten el subdesarrollo o están en camino de salir de él, no son los culpables, los consumidores compulsivos están en las megaciudades que se mueven de corrido durante las 24 horas. Está la gran industria que  se encarga de producir y transformar todo lo imaginable y sobre todo garantizar calefacción solar en los hogares donde el invierno aparece regularmente.

Están los territorios -y principalmente el nuestro- reciben grandes cantidades de radiación solar que no se usa para evitar depender de energías fósiles. Tampoco la energía eólica se ha contemplado como fuente cada vez menos alternativa y más necesaria. Colombia no ha invertido en tecnología ni en investigación que nos saque de un subdesarrollo real y que consiste en no aprovechar los recursos que se tienen-

La loca carrera del consumo nos ha mostrado que la explotación de los recursos minero-energéticos -generalmente en los lugares donde la extracción es más intensa y que no significa compensación real para sus poblaciones, es la paradoja de enviarlos a las fábricas que nos lo devuelven como producto terminado, y se incluye la energía que terminamos pagando de una manera salvaje en los hogares, ya que el industrial la puede pagar o le tocará hacerlo al costo que sea trasladando el alza a los usuarios.

Lo más grave es la futura alza en el costo del gas, ya que cuando un producto escasea enseguida su precio aumenta y esta es la perspectiva sobre la que nos deben claridad ya que se esperarían políticas de choque en materia de estratificación y subsidios en un futuro no muy lejano. De igual manera no se escucha el discurso de una apertura hacia tecnologías de energía límpia y menos un balance positivo de autosostenibilidad.

¿Pero puede la micro-empresa o el ama de casa que se trasnocha frente a una máquina de coser asumir este sobrecosto?

Esta es una razón de peso para que el mercado que importa o trae «lucecitas» no invierta en ello porque la lógica indica que no debemos darnos el lujo del desperdicio.

En el caso samario de todos los parques intervenidos dudamos se puedan inaugurar -por la velocidad en el avance de las obras- y porque con luces sería una irresponsabilidad y claro desconocimiento de las políticas de ahorro que impone la lógica de la sabiduría popular.

AFRONTANDO UN POSIBLE DESBASTECIMIENTO

Al fin nos cuentan la verdad de la crísis energética que sumada a la del agua en toda la región nos dice que estamos subdesarrollados, nos lo grita en el oído, así tengamos la ilusión de desarrollo vial para el turismo en un mundo globalizado que no puede ir al parque tairona que fue cerrado por consideraciones de salud ambiental; tampoco puede el sector hotelero depender de plantas todo el tiempo ni el mercado inmobiliario continuar vendiendo la imagen del confort del aire acondicionado.

No nos preparamos para una situación como esta donde el fenómeno de El niño acabó cual ventarrón de brisa decembrina levantándonos la falda que muestra que los interiores están rotos.

No es la irresponsabilidad del distribuidor, del prestador del servicio, ahora es por razones de causa mayor que incluyen responsabilidad de gestión y administración de lo público y que sufriremos en las regiones apartadas del centralismo: La ecuación es simple tanto como que no hay agua y por ende tampoco energía.

La luz está por dentro y la tienen las culturas primitivas que saben vivir sin televisión ni celulares, o por lo menos no sufren por eso.

Lo grave para la costa atlántica es el sobrecosto en la energía industrial y comercial, otra piedra en el camino hacia una igualdad de oportunidades con el resto de Colombia.

EL EDITORIAL