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Destacable el perfecto montaje de dirección e interpretación  con un escenario apropiado: Sobrio y adecuado manejo de la iluminación y sincronización de efectos sonoros.

Se nota la experiencia y armonía en el montaje escénico para una obra de Jairo Anibal Niño, pensada en lenguaje teatral con un tratamiento riguroso  en el espíritu de la obra que habla del profesionalismo en la construcción del espectáculo; solo interrumpido por la imprudencia de padres que llevan niños de muy corta edad a una obra divertida y que no es una función circense.

La actuación de los fotógrafos deja mucho que desear porque emplear flash en las tomas, ademas de distraer, mata el efecto de la iluminación lograda en la creación de la atmósfera que se está narrando.

Sobre esta versión del Festival y puntualmente sobre la obra, dialogamos con Obeyeido Peña, un veterano actor samario.

Este 2012 para el El festival de Teatro del Caribe es la versión número 23 que reúne grupos internacionales, nacionales  y muchos de ellos de la Región Caribe, en un encuentro con presentaciones en La Sala Roberto Linero y en el Teatro Santa Marta como sedes principales.

Presentaciones callejeras y realización de Talleres con afamados directores teatrales, y para ello se utilizará el espacio del edificio de La Gota de Leche.

Habrá presentaciones en varias localidades como instituciones educativas y presentaciones en espacio público.

El costo de la entrada por presentación en salas, será de $ 7.000

PRESENTACIÓN GRATUITA COMO PREAMBULO DEL FESTIVAL EN EL TEATRO SANTA MARTA EL VIERNES 31 DE AGOSTO A LAS 7:00 P.M.

En el Teatro Santa Marta este viernes 31 de agosto, y como abrebocas de la XXIII Versión del Festival Internacional de Teatro del Caribe, se presenta con entrada libre, la obra «EL MONTE CALVO», de Jairo Aníbal Niño, una pieza de teatro de humor negro y desgarrador. Trata el problema de la confrontación surgida en corea, durante la guerra fría en la cual se involucra nuestro país y decide apoyar a los EE. UU. en su aventura guerrerista.

Temas como el hambre, el frío, la educación, el reconocimiento y la patria son debatidos por parte de los protagonistas. Las palabras no se comen y cuando se vive en un basurero éstas parecen sobrar, sin embargo, el hambre se siente menos cuando hay música; en la puesta en escena «El Monte Calvo» se presentan una serie de matices que mueven a reflexionar al espectador, pero también lo llevan al extremo de hilaridad. Con periódicos, toneles, cartones y botellas de plástico en el escenario, en escena se manifestara la plasticidad, pues los trazos escénicos fueron pensados como si en cada movimiento se tomaran fotografías instantáneas que perpetuaran el momento. La obra de teatro ‘El Monte Calvo’ lleva de la reflexión a la carcajada extrema. Una guerra que llegó más allá del recuerdo.

ARAMIS MANJARREZ PADILLA en el papel de Canuto y CARLOS RODRIGUEZ CRUZ como Sebastián son quienes llevan a conocer la vida de dos vagabundos que habitan en un basurero, ambos divagan, defienden su punto de vista, se lamentan, pero existe una esperanza entre ellos, un ex militar podría prestarles dinero y así tendrían qué comer.  A Sebastián lo invadía por momentos la nostalgia, perdió una pierna en la Guerra del Golfo Pérsico y aun así aseguraba ganar la batalla, pero rescata como lo más trascendente de su vida su profesión de soldado, Canuto el más práctico y con una visión más risible de la vida, fue payaso de circo, que ha vivido siempre de la mendicidad, comprende la vida de otra manera. Él ha tenido también su otra guerra, la de la calle. Los contrastes se hacen presentes en la obra cuando de pronto se ven suspendidas las reflexiones ante la irrupción de un Coronel JAVIER MANJARREZ PADILLA con una psicosis de guerra que hace a Sebastián y a Canuto obedecerlo, pues el hambre no espera y éste les podría dar dinero para comprar alimentos. El sonido de una armónica, los tambores de guerra y la fuerza interpretativa de los actores crean la atmósfera idónea para que «El Monte Calvo» sea una guerra que llegue más allá del recuerdo y se convierta para el espectador en una de sus obras favoritas.

La obra está concebida con gran ritmo, con distintas soluciones y personajes de carne y hueso. La guerra aquí es la única guerra internacional en la que Colombia ha participado: Corea. El veterano de Corea, héroe nacional, defensor de nuestros límites territoriales y de nuestros principios democráticos, rumia su hambre, arrastrándose con un solo pie, recordando la marcialidad de las paradas militares de otros tiempos, en un basurero. Su amigo, un payaso retirado, no deja de sorprenderse de que el ex – militar haya tenido que viajar tan lejos a defender la patria y la libertad y pregunta por qué no la defendió aquí, entre nosotros.

La sencilla actitud de los personajes, la elementalidad, sin intelectualizaciones forzadas de última moda, de sus diálogos, nos muestra un autor atento a no inventar nada innecesariamente, a no en revesar los conflictos que plantea con situaciones ajenas, a no hacer mas teatro del absurdo que el absurdo mismo de esa guerra de opereta a la que el lisiado asistió.

El autor nos mostró una obra fresca, nacional, llena de humor negro y de humor tierno, de crueldad y de sorpresa. Sus defectos reflejan a la vez sus virtudes, como es el caso de la recopilación de chistes, refranes y frases que pasan de boca en boca por nuestro pueblo, y todo ello muy lejos de folclor o costumbrismo, tan solo para recalcar la conciencia de un pueblo que en medio de sus sufrimientos y privaciones, no es melodramático, y que en medio del drama de su vida, ríe y se burla de aquello que lo oprime.

El autor:

JAIRO ANIBAL NIÑO. Narrador y dramaturgo colombiano, en un principio se dedicó a la pintura y luego al teatro en los campos de la actuación, la dirección y la dramaturgia. Escribió obras de teatro entre las que se cuentan El baile de los arzobispos o Las bodas de lata, El sol subterráneo, Los inquilinos de la ira, El golpe de estado y El Monte Calvo. Obtuvo varios premios a lo largo de su carrera literaria como el Premio Nacional de Literatura Enka (1977), el Premio para Guiones de Cortometraje de Focine (1980), el Premio Iberoamericano Chamán (1990), el Premio Cuchilo Canario de Narración (1996) y el Premio Caracol al Mérito, otorgado por la Asociación Mexicana de Narradores.

Dirección: OBEYEIDO PEÑA PONZON

Escenografía: RAFAEL JOSE ROBLES PERALTA

Iluminación: ALFREDO PÉREZ ZAHER

Producción Técnica: SANDRO RUA