El 2 de agosto comenzó a rodar en salas de cines colombianos la película que revive el origen de un fenómeno económico que inundó con grandes cantidades de dinero en efectivo la economía colombiana; primero como capital subterraneo y luego como economía paralela: la bonanza marimbera marcó el rumbo en el caribe colombiano y produjo historias que dividieron familias, desvalorizó el concepto de productividad y del trabajo. No solo transformó valores sino creó la estética rimbombante que apareció en la moda, la arquitectura, la música y el amor propio.

De eso somos testigos en las capitales del caribe, pero examinar los comienzos en la historia de una familia wayuu mediante una narración cruda que respeta los valores y protagonizada por una figura que subyace como hilo narrativo de la historia narrada en Pájaros de verano: el “Pütchipü’ ü” el Palabrero Wayuu la figura del mediador, artífice de la palabra que todos respetan; hoy reconocido por la Unesco como patrimonio de la humanidad es todo un privilegio y ejercicio de memoria necesario.

No es una realización académica estricta pero sí se alimenta de un rigor antropológico porque quien actua como “curador” en ese sentido, si se puede utilizar el término, es el antropólogo Wayuu Weildler Guerra Curvelo, impulsor principal del reconocimiento de la Unesco a la figura del palabrero Wayuu.

La producción obliga a mirar todo lo anterior porque es el transfondo cierto de la historia.  No es la intención cinematográfica de la narración, esta va más allá y pone un escenario-dilema como las tragedias griegas: dilemas éticos y existenciales donde no existen malos ni buenos sino roles y situaciones extremas donde la conciencia de cada espectador vibra a una frecuencia diferente: La de su estado de evolución en el plano espiritual.

El rol desempeñado por los extras, actores nativos que recrean en escenas memorables diálogos participativos en los que la razón y el peso de lo que se dice nos revela aspectos claves para cimentar la historia. Los diálogos van tejiendo el entramado de una estructura social complejamente simple: Los ancestros son presencia y se manifiestan en la lógica de una cultura maternal que teje la vida y construye sociedad centrada en la familia.

Valores como el honor, el amor, la familia, el respeto a la mujer y por el otro lado la creatividad, el emprendimiento y la dinámica comercial de una cultura como la Wayuu que hoy sigue subvalorada y subsiste en condiciones extremas con su territorio usurpado por una falsa modernidad.

Un cine de ese nivel ya venía bosquejando Ciro Guerra desde Los viajes del viento y El abrazo de la serpiente; experiencias místicas narradas visualmente en un cine diferente para un público nuevo que desea sorprenderse con narrativas propias. Los directores y guinistas han logrado darle forma a una historia en la que una niña encierra el misterio que lleva sobre sus hombros: una carga tal de dramatismo que nos habla de la vida a profundidades poco exploradas.

Es la película capaz de darle un sentido al cine. El tema trasciende el sueño y la alucinación.La fotografía, ambientación y sobre todo el sonido, logran el maridaje perfecto para una revelación interior a la medida de cada espectador...Juan Jose Martínez@agendasamaria

Un cine coherenteClick To Tweet

DETRÁS DE CÁMARAS

EL GUIÓN

DISEÑO DEL SONIDO

Pájaros de verano – Leonaro Heiblum

Erica Acuña, directora de MúsiKamia, tuvo el gusto de hablar con el compositor mexicano Leonardo Heiblum sobre su proceso creativo para Pájaros de verano (2018) de los directores Cristina Gallego y Ciro Guerra.

SANTA MARTA (Caso aparte en todo)

ALGUNAS RESEÑAS DE PRENSA

El cine desde la perspectiva del arte: 32 años del Museo Bolivariano
CANTAPÁJAROS creación de teatro local con proyección de largo aliento

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