El arte en todas sus variantes como representación de realidades palpables o imaginadas a veces trasciende los códigos de interpretación que los críticos y comentaristas en publicaciones especializadas tratan habitualmente.

Sin ser el caso de Agenda Samaria -donde solo registramos los movimientos en el pulso de la vitalidad samaria en sus ofertas culturales- las propuestas pictóricas presentadas en museos locales llenan ya los espacios culturales con su público creado que asiste a cuanto evento -gratuito- hay en la ciudad, que son la mayoría, hay que decirlo.

La muestra pictórica de Adaluz Ballestas , es diferente, se sale de los parámetros acostumbrados; una exposición con el color de protagonista, propone una visión alternativa: Sala de exposiciones de Cajamag en el camellón de Santa Marta.

Una sala blanca donde las obras destellan color, hacen del espacio una caja de resonancia con lo ambiental por los motivos presentados, con el misterio de la vida que se reinventa a cada instante y se organiza en patrones que la artista Adaluz Ballestas presenta en la sala de Cajamag en el camellón de Santa Marta –reseñada acá– en la noche del jueves 15 de diciembre.

Javier Mejía, el curador de arte y director del Teatro Cajamag, la artista protagonista Adaluz Ballestas, la directora del centro de Capacitación de Cajamag en el camellón, la Dra. Adis Martínez y una alumna de la artista en sus cursos del SENA.

Como integrar el color a tu vida cotidiana podría titularse esta imagen que caprichosamente desde la ilustración fotográfica insertamos en esta historia y nos permite traducir una tendencia en la vestimenta actual femenina que en el contexto puntual de la muestra se complementa muy bien:  descubrir el color y  una invitada de la artista vive el color tal como se luce en el caribe y coincidieron en la sala junto con la percepción antes-después de escuchar la descripción de Adaluz sobre su particular “teoría del color que parte del gris” como la mezcla de su búsqueda que representa lo sombrío y los aspectos oscuros de la vida como retos a superar.

El detalle del registro fotográfico evidencia hojas auténticas integradas a la obra por una razón muy especial: tapaban  agujeros en el lienzo de la misma, pues la obra se rescató del barro de una súbita creciente del río Manzanares junto a otras pocas creaciones de Adaluz.

No pudo rescatar sus objetos personales como camas, electrodomésticos y enseres, pero algunos de sus cuadros sí.  Otra avalancha anterior se había llevado su parcela-finca en Minca con su familia incluida y esto no es lo más duro de su relato; lo más fuerte vendría después.

La observación en detalle de cada una de sus obras nos revela su dominio del dibujo con trazos superpuestos, ligados entre sí por el color que obliga a meditar sobre el tiempo y los procesos de creación que intervinieron en ellas;  se presiente una devota admiración por la vida y sus manifestaciones con un fuerte mensaje para el planeta: Así como ella invirtió toda su energía por manifestar un grito de vida con el color, así mismo, la vida del planeta se puede apagar si somos incapaces de percibirlo en nuestras vidas.

Quisieramos también saber qué sucede cuando un coleccionista se lleva una de sus obras y de pronto tiene revelaciones al contemplarla bajo unos códigos interiores; es indudable que en ellas va el espíritu de su origen con fuerte identidad de la Sierra Nevada de Santa Marta.

Parte de su historia

Su traslado a Santa Marta y asentamiento en una zona de riesgo es la segunda avalancha que cayó sobre su vida. Con dos hijas hoy felizmente enfocadas en sendas carreras -una es sicóloga y la otra estudiante de cine en la Universidad del Magdalena- Adaluz seguiría afrontando su destino empeñado en sepultarla junto con sus aspiraciones de expresión por medio del arte, lo que la lleva a profesionalizarse en la Universidad del Atlántico en la Facultad de Artes en donde logra obtener su título de Maestra en Bellas Artes.

Su pincel y trazos resultantes evidencian -reconstruyen- su entorno del campo y lo que evocan: su familia, su huerto y contemplación de la vida silvestre donde no se conciben las jaulas y ello se deduce en su obra al ver la relación armónica de los animales con su paisaje,  la diversidad destella en conjunto un color que la artista pudo encontrar por medio de una revelación -que contó a los asistentes de la apertura de la muestra-  y confesó cómo la tristeza de sus experiencias pasadas no le permitía expresar naturalmente una relación armónica con el color que la academia le había definido; para ella sus obras eran grises y el contraste tonal eran matices que no reflejaban esa explosión de color que su muestra actual revela.

Es un impacto muy fuerte ver esa blanquísima sala de exposiciones de Cajamag llena de colores que parecen crear un juego visual donde la luz y el cromatismo oculta el pasado de su creadora, que por duro e implacable que fuera, ella pudo superar y hoy es ejemplo del poder transformador del arte como manera de encontrar un sentido de vida que para ella se manifiesta en las sonrisas y el brillo en la mirada de sus alumnos en el SENA, en su Escuela privada que funciona en el Centro Cultural del Magdalena y principalmente en el futuro de la vida de sus hijas, también en sensación de alivio cuando narra su dramática experiencia de vida y que le ha dado toda la autoridad para decir: Tu puedes.

Nuestra entrevista con ella solo trata sobre los aspectos reparadores del arte y sus posibilidades de construir futuro. (Rumbo a la plataforma de audio….)




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